El presidente José Antonio Kast, realizó su primer cambio de gabinete desde que llegó al poder hace poco más de dos meses y removió a la ministra de Seguridad Pública, Trinidad Steinert, y a la vocera del Gobierno, Mara Sedini. Ambas funcionarias habían sido cuestionadas con dureza por distintos fallos en su gestión, tanto desde la oposición como desde la coalición con la que gobierna Kast. Se trata del cambio de gabinete más rápido desde el retorno a la democracia en Chile, en 1990, y tiene lugar en un momento en que la aprobación de Kast ha caído hasta cerca de un 40 % y su desaprobación entre la ciudadanía se ha duplicado hasta un 60 % en las encuestas. El récord de celeridad en una remoción ministerial lo ostentaba el primer gobierno de Michelle Bachelet, quien realizó su primer ajuste a los cuatro meses de mandato. Cabe señalar que el ministro del Interior, Claudio Alvarado, asumirá el cargo de Sedini en la Secretaría General de la Presidencia y tendrá un biministerio, quedándose al mando de su actual cartera.En tanto, en el Ministerio de Seguridad, donde estaba al mando Trinidad Steinert, asumirá Martín Arrau, quien estaba a cargo del Ministerio de Obras Públicas.En este mismo contexto, Louis de Grange, actual ministro de Transportes y Telecomunicaciones, también asumirá un biministerio y a su cartera actual se sumará el Ministerio de Obras Públicas. La salida de Trinidad Steinert responde a “diversas polémicas” que mermaron la confianza en su gestión al mando de la seguridad pública. Entre los factores críticos se cuentan la falta de resultados visibles en el combate a la delincuencia y la controversia interna por la salida de la exjefa de Inteligencia de la PDI, Consuelo Peña.Por su parte, Mara Sedini enfrentó cuestionamientos por su estrategia comunicacional, destacando la publicación oficial sobre el “Estado en quiebra”, que generó ruidos innecesarios en los mercados y críticas transversales.A pesar de que Kast había defendido públicamente a ambas ministras en los primeros dos meses de gobierno, la presión de las encuestas y el ruido interno en el propio oficialismo precipitaron la determinación del Ejecutivo.

